Un viaje en tren. Un viaje de retorno. Una mirada perdida. Un pasado oscuro. La vuelta a casa para conseguir la herencia familiar. “All the things that I have done” (de The Killers) como talón de fondo para sumergirte en el estado de ánimo de Jake Green. Así empieza “Jericho”, que Telecinco estrenó el pasado martes.

Jake Green vuelve a casa, a su pueblo natal, un pueblo de 5.000 habitantes, en medio de Kansas, para conseguir la firma de su padre y así cobrar su parte de la herencia familiar. Eso permite conocer rápidamente a su entorno, a las personas que Jake se va cruzando y que forman parte de este pequeño pueblo, de esta
pequeña familia. Podría ser el inicio de
Everwood. Podríamos estar
sumergiéndonos en la aislada vida de una gente perdida de la América profunda. Pero las cosas han cambiado. Estamos en la era de la globalización, de la guerra a escala internacional entre los grandes líderes para controlar el mundo. Y la guerra estalla cerca del perdido pueblo de Jericho: una nube nuclear se asoma
al horizonte y sus habitantes se sumergen en el más profundo caos: sin luz, sin comunicación, sin saber nada del resto del mundo.

Ante esta situación, Jake Green, el hijo del alcalde del pueblo, el joven que ha pasado cinco años alejado de su familia sin dar noticias de qué ha sido su vida, coge las riendas de la situación, se convierte en el nuevo Jack Bauer y organiza a todo el pueblo para aislarlos de la radiación que la lluvia está a punto de traer.

Un pueblo aislado, unos habitantes que empezarán a descubrir sus secretos, a intentar afrontar esta situación, a entender que se encuentran Perdidos y aislados del exterior. Puede ser una isla, Jericho o el limbo. Las historias de sus habitantes atrapan al espectador. Nada es lo que parece ser y el espectador tendrá que ir averiguándolo. Tanto Perdidos como Jericho plantean una situación similar, la de un grupo de personas que tienen que convivir alejados y aislados del mundo. Los habitantes
de la isla un día tendrán que salir de ella. Los habitantes del pueblo un día tendrán que volver a comunicarse con el mundo. Son series genialmente planteadas pero que, al basarse en una situación límite para hacer estallar a sus protagonistas y poder llegar a conocerlos y a sufrir por ellos, parecen tener un final marcado. De momento, los habitantes de la isla llevan ya tres temporadas y vivirán tres más. Los habitantes de Jericho no tienen un futuro
tan claro. La
CBS comunicó la cancelación de la serie.

Sin embargo, gracias al apoyo de sus más fieles seguidores, la CBS ha decidido alargar la vida a estos perdidos habitantes. De momento será en forma de mini temporada de siete capítulos. Los resultados de audiencia, obviamente, decidirán el futuro de este pueblo perdido en Kansas. Yo, de momento, me alegro que el envío masivo de nueces por parte de los fieles consiguiera que Jericho continuara aislado del mundo. Me apetece descubrirlo.